LA VÍA DEL ZEN

El Retiro Kyriri alberga un Dojo zen, un espacio dedicado a la práctica de za-zen, la meditación sentada del Zen japonés.

Cuando Franck salió del Japón en 2013, el Maestro Miyura le sugirió que abriera un Dojo para transmitir la práctica del Zen a su vez.

La meditación forma parte integrante de la vida cotidiana y marca el ritmo de las jornadas en el Retiro Kyriri.

LA VÍA DEL ZEN

«El Zen, es olvidarse de sí mismo»

El Retiro Kyriri también se dedica a ayudar a cualquiera que desee con honestidad e integridad mediante dos Vías de conocimiento de sí mismo complementarias. La primera es la Vía del Zen, por la práctica del za-zen, la meditación silenciosa y sentada, directamente heredada del Buda por una transmisión de Maestros a discípulos ininterrumpida desde 2.500 anos.

Sin ninguna obligación, las sesiones de meditación son propuestas cada día al amanecer y al atardecer. Franck, un practicante Zen formado en Japón y que recibió la transmisión de su Maestro, asegura la supervisión y la enseñanza del Zen. El trabajo de la tierra se inscribe en la continuación directa de las meditaciones cotidianas que marcan el ritmo de las jornadas en el Retiro Kyriri.

El Zen es una práctica viva, dinámica, centrada en la meditación sentada za-zen. La atención se centra en la respiración, la posición y la actitud del espíritu. Es una vía abrupta y árida, donde el practicante está sentado frente a una pared durante 40 minutos, dejando pasar todos los pensamientos mediante una vuelta de la atención a la espiración. El Zen es la acción justa al momento justo. El Zen no puede ser descrito con palabras, es una vía que debe ser experimentada en el presente, y que requiere rigor, disciplina y perseverancia.

Muchas informaciones son disponibles en Internet, el objetivo aquí no es de describirlo en detalle. Franck podrá dar más detalles a los huéspedes que lo deseen, pero lo esencial pertenece al campo de la experiencia por una práctica sostenida. La posición, la respiración y la actitud del espíritu se enseñan en el Dojo.

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Extracto de «La práctica del Zen» del Maestro Taisen Deshimaru 

La práctica del za-zen es el secreto del Zen. El za-zen es difícil, lo sé, más si se ejercita cotidianamente es muy eficaz para la liberación de la conciencia y el desarrollo de la intuición. El za-zen no sólo desprende gran energía, sino que es también posición auroral. Su práctica no nos esfuerza a obtener algo. Sin fin es únicamente concentración en la posición, modo de respirar, actitud del espíritu. (…)

La respiración. Juega un papel primordial. El ser vivo respira. Lo primero es el aliento. La respiración Zen no es comparable a ninguna otra. Tiene ante todo a establecer un ritmo lento, poderoso y natural. Si nos concentramos en una espiración suave, larga y profunda, la inspiración viene de forma natural. El aire se retira paulatina y silenciosamente, mientras que el empuje debido a la espiración desciende con fuerza en el vientre. Se «oprimen los intestinos» provocando así un saludable masaje de los órganos internos.

Los maestros comparan la respiración Zen al mugido de la vaca o al grito del recién nacido. 

Actitud del espíritu. La respiración adecuada brota de una posición correcta. De igual modo la actitud del espíritu fluye naturalmente de una profunda concentración en la posición física y en la respiración. El ejercicio correcto nos hace vivir largamente, apaciblemente, con intensidad. Neutralizamos los shocks nerviosos, dominamos los instintos y las pasiones, controlamos la actividad mental. La circulación cerebral mejora notablemente. El córtex descansa y el flujo consciente de pensamientos cesa. La sangre afluye a las capas profundas que, mejor irrigadas, se despiertan de un semisueño; su actividad produce una sensación de bienestar, serenidad y paz parecida al sueño profundo, pero en pleno despertar. El sistema nervioso se relaja, el cerebro «primitivo» entra en plena actividad. Plenamente receptivos y atentos, pensamos con cada una de las células de nuestro cuerpo. Inconscientemente, toda dualidad, toda contradicción desaparecen. Los pueblos llamados primitivos han conservado un cerebro profundo muy activo. La civilización occidental ha educado y refinado el intelecto al tiempo que perdía fuerza, intuición y sabiduría, ligadas al núcleo interno del cerebro. Por eso el Zen es un tesoro inestimable para el hombre de hoy, para el que aún tiene ojos para ver y oídos para oír. Por la práctica regular del za-zen nos es dado convertirnos en hombres nuevos volviendo al origen de la vida. Podemos acceder a la condición normal del cuerpo y del espíritu (que son uno) captando la existencia en su raíz.

Sentados en za-zen dejamos correr las imágenes y pensamientos que atraviesan el inconsciente como nubes por un cielo límpido. Sin oponernos, sin agarrarnos a ellas, como sombras delante de un espejo las emanaciones del subconsciente pasan, tornan y se desvanecen. Y se llega al inconsciente profundo, sin pensamiento, más allá de todo pensar (hishiryo), pureza verdadera. Zen es muy simple y muy difícil de comprender. Es un problema de esfuerzo y repetición, como la vida. Sentados, sin ningún tipo de ocupación, sin fin ni espíritu de provecho. Si la posición-respiración y actitud de vuestro espíritu están en armonía, comprenderéis el verdadero Zen, captaréis la naturaleza de Buda.